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Papa León XIV: “Para que el mundo tenga vida”, un llamado al renacimiento de la fe, la esperanza y la fraternidad

En la Audiencia General de este miércoles, el Papa León XIV compartió con los fieles sus principales reflexiones e impresiones sobre el reciente Viaje Apostólico a Francia, realizado bajo el lema “Pour que le monde ait la vie” —“Para que el mundo tenga vida”—, inspirado en las palabras de Jesús: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo» (cf. Jn 6,51).

El Santo Padre presentó este viaje pastoral a partir de un símbolo central: la Catedral de Notre-Dame de París, cuya reconstrucción después del incendio sufrido hace siete años se convirtió, según explicó, en una imagen del renacimiento. Para el Pontífice, la restauración del templo mostró que la colaboración entre la Iglesia, las autoridades civiles, las instituciones públicas, la sociedad y los distintos sectores profesionales puede ponerse al servicio del bien común, teniendo como fundamento la dignidad de toda persona humana.

Pero Notre-Dame también permitió al Papa recordar que la Iglesia no está constituida únicamente por edificios, sino por “piedras vivas”, es decir, hombres y mujeres que aman a Jesucristo porque han sido amados por Él. En este sentido, destacó el encuentro entre sacerdotes, diáconos, consagrados y agentes pastorales en la catedral, y los miles de jóvenes reunidos en el Estadio de Francia. Para León XIV, aquella vigilia juvenil fue una significativa señal de esperanza, manifestada en jóvenes capaces de cantar, celebrar, guardar silencio y escuchar en búsqueda de la verdad y del amor.

El Papa también resaltó como signo de esperanza el crecimiento de jóvenes y adultos que en Francia solicitan recibir el Bautismo, realidad que manifiesta un renovado interés por la fe y que acompaña el camino de las comunidades cristianas. Asimismo, recordó el servicio que la Iglesia desarrolla en espacios como la Maison Bakhita, donde se acoge y acompaña a personas que atraviesan diferentes situaciones de dificultad.

Uno de los momentos centrales del viaje fue la celebración de la Eucaristía en la Place de la Concorde, en París. Ante la multitud congregada, el Papa señaló que allí pudo contemplarse otra expresión del renacimiento de la Iglesia: una comunidad reunida en torno a Cristo y alimentada por la Eucaristía. Para el Pontífice, esta celebración manifestó que la verdadera reconstrucción y restauración de la Iglesia es una obra que Dios realiza.

La peregrinación continuó en Lourdes, donde León XIV confió a la intercesión de la Virgen María un mensaje de esperanza y de renacimiento. Desde este santuario mariano, reafirmó que toda vida humana, especialmente en situaciones de fragilidad, posee una dignidad inviolable y merece ser cuidada, acompañada y atendida con compasión. También manifestó su cercanía a las víctimas de abusos y el compromiso de la Iglesia de escuchar, acompañar y trabajar en la prevención.

Finalmente, en Metz, el Papa reflexionó sobre Europa y su camino de paz. Recordó que, después de las heridas provocadas por la Segunda Guerra Mundial, el continente inició un proceso de reconstrucción basado en la democracia, la solidaridad y la fraternidad entre los pueblos. En este contexto, destacó la importancia del diálogo entre las distintas tradiciones religiosas como instrumento para promover la paz y la convivencia.

Al concluir su catequesis, el Papa León XIV volvió al lema que acompañó su visita: “Para que el mundo tenga vida”. Estas palabras de Jesús, afirmó, resumen la misión salvadora de Cristo y se convierten también en una oración para que los frutos de este viaje apostólico sean abundantes y duraderos.

Desde la Diócesis de Granada en Colombia, este mensaje del Santo Padre nos invita a reconocer también los signos de renacimiento que Dios suscita en nuestras comunidades: una Iglesia que camina unida, que celebra la Eucaristía, acompaña a los más vulnerables, escucha a los jóvenes, anuncia el Evangelio y trabaja por la dignidad humana, la fraternidad y la paz.

Que María, Madre de la Iglesia, nos ayude a caminar con esperanza para que, unidos a Cristo Eucaristía, también nosotros seamos instrumentos de vida y renovación en nuestros territorios.