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Papa León XIV: la Iglesia está llamada a vivir su misión en medio del mundo

En su Audiencia General, el Santo Padre continuó su reflexión sobre la Constitución pastoral Gaudium et spes y profundizó en la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo.

En la Audiencia General de esta semana, el Papa León XIV continuó su ciclo de catequesis dedicado a los documentos del Concilio Vaticano II, centrando su reflexión en el capítulo IV de la primera parte de la Constitución pastoral Gaudium et spes, dedicado a “La misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo” (GS 40-45).

El Santo Padre recordó que la Iglesia no está separada ni por encima del mundo, sino que está injertada en la historia, compartiendo con la humanidad sus fragilidades, esperanzas y desafíos. A la luz del misterio de la Encarnación, explicó que la Iglesia está llamada a caminar junto a los pueblos y las culturas, siendo signo de la presencia de Dios y de su proyecto de reunir a toda la humanidad en una única familia.

En este sentido, el Papa León XIV señaló que una de las primeras tareas de la Iglesia es ayudar a las personas a volver la mirada hacia las preguntas profundas de la existencia: el origen y destino de la vida, el sentido del amor y del sufrimiento. Frente a una sociedad marcada por la lógica del consumo, el beneficio a cualquier precio y la manipulación de la información, el Pontífice recordó que el corazón humano está llamado a mirar hacia lo alto y a descubrir un sentido que trasciende los bienes materiales.

Fe, justicia y compromiso con el bien común

La misión de la Iglesia también se expresa en su contribución a la construcción de la sociedad. El Papa destacó que este compromiso no se desarrolla principalmente desde la acción política, sino desde el testimonio de la fe y la caridad, unido a la búsqueda de la justicia, la paz y la fraternidad.

Inspirándose en Gaudium et spes, recordó que quienes siguen a Cristo no pueden permanecer indiferentes ante la opresión de los pequeños y los pobres ni ante las estructuras que mantienen situaciones de dependencia e injusticia. Por ello, la Doctrina Social de la Iglesia ofrece criterios para que los cristianos, junto con todas las personas de buena voluntad, trabajen por el bien común.

“Adorando a Cristo, el Justo que murió por los injustos”, afirmó el Pontífice, el creyente está llamado a comprometerse con la dignidad humana y con la transformación de aquellas realidades que generan exclusión e injusticia.

Una fe que se traduzca en la vida

Uno de los llamados centrales de la catequesis fue a superar la separación entre la fe que se profesa y la manera como se vive. El Papa León XIV recordó las palabras del Concilio Vaticano II, que considera esta separación como uno de los errores más graves de nuestro tiempo.

La misión evangelizadora requiere, por tanto, que cada bautizado permita que la gracia del Espíritu Santo transforme su vida y que su fe se haga visible en comportamientos coherentes, en el servicio y en el amor al prójimo.

El Santo Padre dedicó también una atención especial a los fieles laicos, quienes, por su Bautismo, están llamados a llevar el espíritu del Evangelio a los distintos ámbitos de la sociedad. La familia y el trabajo constituyen espacios privilegiados para esta misión, pero el compromiso cristiano se extiende a todos los ambientes donde se desarrolla la vida humana.

Una Iglesia que escucha y discierne

El Papa León XIV subrayó igualmente la necesidad de que la Iglesia permanezca atenta a lo que ocurre en la sociedad y en las culturas de nuestro tiempo. Esta escucha debe estar acompañada por un adecuado discernimiento, teniendo como criterio fundamental la Palabra de Dios y la Tradición de la Iglesia.

Para ello, señaló, es necesario mantener una mirada positiva sobre el mundo, sin dejarse llevar por las modas culturales, pero conservando con fidelidad y claridad la integridad del mensaje evangélico.

Al concluir su catequesis, el Pontífice recordó que la Iglesia, mientras peregrina en la historia, tiene como horizonte el advenimiento del Reino de Dios y la salvación de toda la humanidad. Para avanzar hacia esta misión, destacó dos caminos fundamentales: la santidad personal y el amor fraterno.

Finalmente, invitó a todos los creyentes a ser dóciles a la acción del Espíritu Santo, para vivir en santidad y caridad, de manera que el testimonio de la Iglesia pueda ayudar al mundo a creer y mantener viva la esperanza.

Desde esta perspectiva, la catequesis del Papa León XIV constituye también una invitación para las comunidades cristianas a renovar su compromiso con la realidad que las rodea: una Iglesia cercana, que escucha, acompaña, sirve y anuncia el Evangelio, haciendo de la fe una experiencia concreta de fraternidad, justicia, paz y esperanza.