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Cuaresma 2026: el Papa exhorta a redescubrir la escucha y el ayuno como caminos de conversión

La Oficina de Prensa de la Santa Sede publicó el pasado 13 de febrero el mensaje del Papa León XIV para la Cuaresma 2026, titulado «Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión». En el documento, el Santo Padre invita a toda la Iglesia a redescubrir estas dos prácticas como caminos concretos para renovar la fe y centrar nuevamente la vida en el misterio de Dios.

El Pontífice recuerda que la Cuaresma es un tiempo propicio para que la fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las preocupaciones cotidianas. Todo proceso de conversión —señala— comienza cuando el creyente se deja alcanzar por la Palabra de Dios y la acoge con docilidad, estableciendo un vínculo profundo entre el don recibido, la hospitalidad interior y la transformación que esta produce.

Escuchar: abrir el corazón a Dios y al clamor de los pobres

En la primera parte del mensaje, el Papa subraya la importancia de la escucha como signo fundamental del deseo de entrar en relación con Dios y con los hermanos. Evocando el relato del libro del Éxodo (cf. Ex 3,7), recuerda que el Señor se revela a Moisés como Aquel que ha visto la opresión de su pueblo y ha escuchado su clamor.

De este modo, la escucha de la Palabra en la liturgia educa para una escucha más profunda de la realidad. En medio de las múltiples voces que atraviesan la vida personal y social, las Sagradas Escrituras permiten reconocer el grito que surge del sufrimiento y la injusticia, especialmente el de los pobres, que interpela no solo a las personas sino también a las sociedades, los sistemas políticos y económicos, y de manera particular a la Iglesia.

Ayunar: educar el deseo y purificar el lenguaje

El Santo Padre presenta el ayuno como una práctica ascética antigua e insustituible que dispone el corazón a la acogida de la Palabra. Al implicar el cuerpo, el ayuno ayuda a discernir lo esencial, a ordenar los deseos y a mantener viva el hambre y la sed de justicia, orientándolas hacia la oración y la responsabilidad con el prójimo.

Citando a san Agustín, explica que el ayuno ensancha el corazón y lo hace capaz de la plenitud prometida por Dios. No obstante, advierte que para conservar su verdad evangélica debe vivirse con fe y humildad, arraigado en la comunión con el Señor y evitando cualquier forma de orgullo.

En este contexto, propone una forma concreta de abstinencia: renunciar a las palabras que hieren. El Papa invita a “desarmar el lenguaje”, evitando juicios inmediatos, calumnias y expresiones que dañan al prójimo, y a cultivar la amabilidad en la familia, el trabajo, las redes sociales, los debates públicos y las comunidades cristianas, para que las palabras de odio cedan espacio a palabras de esperanza y paz.

Una conversión también comunitaria

El mensaje resalta, finalmente, la dimensión comunitaria de la Cuaresma. A partir del relato del libro de Nehemías (cf. Ne 9,1-3), el Santo Padre recuerda cómo el pueblo se reunió para escuchar la Ley y practicar el ayuno, renovando su alianza con Dios.

De igual manera, parroquias, familias y comunidades están llamadas a recorrer un camino compartido, donde la escucha de la Palabra, del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común. La conversión, por tanto, no concierne únicamente a la conciencia individual, sino también al estilo de las relaciones, la calidad del diálogo y la capacidad de dejarse interpelar por la realidad.

Al concluir, el Papa anima a pedir la gracia de una Cuaresma que haga más atento el oído a Dios y a los más necesitidos, y de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Asimismo, exhorta a que las comunidades cristianas sean lugares donde el grito de quienes sufren encuentre acogida y donde la escucha genere caminos de liberación, contribuyendo así a edificar la civilización del amor.