El año de la Fe, marco de la XCIV Asamblea Plenaria del Episcopado

En la sesión inaugural de la 94 Asamblea Plenaria del Episcopado, el Cardenal Rubén Salazar Gómez explicó que este encuentro de los obispos se enmarca en acontecimientos como el “Año de la Fe”, el aniversario del Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica.

En su alocución Mons. Salazar Gómez, Arzobispo de Bogotá y Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), aseguró que el “Año de la Fe”, “…con su sentido profundo de renovar nuestra conciencia de discípulos misioneros del Señor Jesucristo a la luz del Concilio y del Catecismo- nos invita a descubrir con gozosa acción de gracias la continua presencia del Señor resucitado en la vida de su Iglesia”.

El Presidente de la CEC afirmó que el Concilio Vaticano II, el Catecismo para la Iglesia Católica y el Sínodo episcopal sobre la nueva evangelización que tuvo lugar en 2012, son realidades que se pueden sintetizar en tres grandes cuestiones: “lo que la Iglesia dice sobre sí misma, su propia identidad y su misión; en segundo lugar está la preocupación por el diálogo ecuménico; en tercer lugar la presencia y la misión de la Iglesia en el mundo. Estas tres cuestiones son los tres polos sobre los cuales se ha movido la Iglesia en los últimos 50 años”.

Monseñor Rubén recordó que gracias al Concilio Vaticano II “redescubrimos la naturaleza profunda de la Iglesia como Pueblo de Dios, como Cuerpo de Cristo, como Sacramento de salvación para el mundo”.

“A la luz de esta explicitación de la naturaleza misma de la Iglesia, podemos avanzar cada día más hacia una comunidad eclesial, fuertemente anclada en la adhesión profunda a Jesucristo, el Señor; una Iglesia más viva, más dinámica, que viva más plenamente la gracia de la fe, la fuerza de la esperanza, el dinamismo del amor. Podemos entrar en procesos de formación que nos permitan tener unos ministros del Evangelio (obispos, presbíteros, diáconos) que vayan delante de la comunidad mostrando con su propia vivencia del Evangelio el camino que todos debemos recorrer…”

De esa manera podemos avanzar “hacia una Iglesia, verdadera comunidad de comunidades, en la que los lazos que nos unen se fortalezcan todos los días…y mostremos, así, al mundo cómo la fraternidad y la solidaridad pueden crear condiciones en las que no haya excluidos ni marginados ni pobres abandonados ni tristes sin consuelo ni sufrientes sin amparo”.

“Podemos avanzar cada día más hacia una Iglesia en la que se experimente con profunda emoción en el sacramento de la reconciliación, el perdón que el Padre nos da por medio de su Hijo, quien ha derramado en nosotros su Espíritu, espíritu de comunión y de reconciliación, para que podamos llevar al mundo la fuerza que permita vencer todo lo que nos separa, nos divide, nos enfrenta y fortalecer todo lo que nos acerca, nos hace hermanos, nos une con los vínculos indestructibles del amor”, explicó el Cardenal.

Destacó igualmente la importancia del diálogo ecuménico e interreligioso. “La presencia de algunos representantes de confesiones cristianas no católicas en esta sesión inaugural es clara prueba de un nuevo estilo de relaciones entre hermanos… un signo claro de esta nueva perspectiva que está ya engendrando maravillosos frutos de colaboración en muy variados campos”, precisó.

“Al considerar estos tres focos de luz que el Concilio Vaticano II, hace 50 años, ha encendido sobre la Iglesia dándonos los elementos doctrinales esenciales que, hace 20 años, el Catecismo de la Iglesia Católica ha sintetizado en forma catequética y que el pasado Sínodo de los Obispos ha contemplado a la luz de la urgencia de caminos de una nueva evangelización, los obispos miembros de la Conferencia Episcopal de Colombia hemos descubierto la necesidad de ahondar en nuestra reflexión sobre el primer anuncio y la transmisión de la fe, sobre la formación hacia la madurez de la fe, y sobre el diálogo con los no católicos y el mundo de hoy”.

A esos focos estarán dedicadas las próximas tres asambleas plenarias del Episcopado colombiano “que, sin duda, nos permitirán actualizar las grandes enseñanzas del Vaticano II a la luz de las situaciones nuevas que vivimos hoy…”, concluyó Monseñor Rubén.

zitfrid

Administrador técnico del sitio web