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El Resucitado, fuente viva de la esperanza humana

Ciclo de Catequesis – Jubileo 2025. Jesucristo, nuestra esperanza (IV)

En la mañana de este miércoles, el Papa León XIV continuó con el Ciclo de Catequesis dedicado al Jubileo 2025, centrado en el tema general “Jesucristo, nuestra esperanza”. En esta ocasión, el Santo Padre presentó la reflexión titulada “La resurrección de Cristo y los desafíos del mundo actual. 1. El Resucitado, fuente viva de la esperanza humana” (Jn 10,7.9-10).

El Papa recordó que el camino catequético del Año Jubilar ha recorrido la vida de Jesús desde su nacimiento hasta su resurrección, destacando que en este recorrido “nuestra peregrinación en la esperanza encuentra su fundamento firme y su camino seguro”. En esta nueva etapa, invitó a contemplar cómo la luz del Resucitado puede iluminar los desafíos del mundo actual, marcados por incertidumbres, búsquedas y esperanzas que tocan el corazón humano.

Durante su catequesis, el Pontífice reflexionó sobre la sed profunda de plenitud que habita en cada persona. En medio de la agitación cotidiana, de logros y frustraciones, de satisfacciones y vacíos, el Papa subrayó que este deseo de felicidad no puede ser colmado por el poder ni por los bienes materiales, sino solo por la esperanza que nace del encuentro con Cristo resucitado.

“No hemos sido creados para la falta, sino para la plenitud, para disfrutar de la vida y de la vida en abundancia”, recordó el Papa citando el Evangelio de Juan (10,10).

Comparando a Jesús Resucitado con una fuente de agua viva, León XIV explicó que de Él brota una vida que refresca, sana y renueva el corazón humano:

“El Resucitado es la fuente viva que no se seca y no sufre alteraciones. Permanece siempre pura y preparada para todo el que tenga sed”.

El Santo Padre animó a los fieles a reconocer en Cristo resucitado la respuesta a las preguntas más profundas del corazón humano: el sentido de la existencia, el dolor inocente y el destino final de la vida. Solo Él, aseguró, “puede llenar nuestra jarra vacía cuando la sed se hace insoportable”, pues es el compañero de camino que sostiene, alivia y fortalece.

Finalmente, León XIV invitó a todos a vivir la esperanza que brota de la Resurrección, una esperanza que “nos hace gustar anticipadamente, aun en medio de las fatigas de la vida, una paz profunda y gozosa: aquella que solo Él podrá darnos al final, sin fin”.