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La liturgia, escuela de encuentro con Dios a través del rito, el signo y el símbolo – AUDIENCIA GENERAL

En la Audiencia General de este miércoles, el Santo Padre León XIV continuó su ciclo de catequesis sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II, centrando su reflexión en tres elementos fundamentales de la sagrada liturgia: el rito, el signo y el símbolo.

El Pontífice destacó que los ritos litúrgicos no son simples ceremonias externas ni expresiones arbitrarias, sino la mediación mediante la cual Dios comunica su gracia a su pueblo. Recordó que, a través de los ritos y las oraciones, los fieles pueden comprender y participar más plenamente en el misterio de la fe que se celebra en la liturgia.

León XIV explicó que el rito da forma a la acción litúrgica y educa a los creyentes en la escucha de la Palabra de Dios, la acción de gracias, la adoración y la comunión fraterna. Asimismo, subrayó que la participación activa de los fieles, con el cuerpo, la mente y el corazón, permite experimentar la presencia de Dios y fortalecer la vida eclesial.

El Santo Padre señaló que la lógica del rito no limita la libertad humana, sino que ayuda a redescubrir lo esencial, ofreciendo espacios de gratuidad, silencio y encuentro con Dios en medio del ritmo acelerado de la vida cotidiana.

Durante su catequesis, también profundizó en el valor de los signos y símbolos litúrgicos, recordando que estos tienen sus raíces en la creación, en la historia de la salvación y alcanzan su plenitud en Jesucristo. Como ejemplo, destacó el signo del agua, que evoca el Bautismo y la nueva vida recibida en Cristo.

Finalmente, retomando las enseñanzas del Papa Francisco y del teólogo Romano Guardini, León XIV afirmó que una de las tareas fundamentales de la formación litúrgica es ayudar a las personas a redescubrir el lenguaje de los símbolos. En este sentido, invitó a cuidar la belleza de las celebraciones litúrgicas y a promover una adecuada catequesis mistagógica que permita a los fieles comprender y vivir más profundamente los misterios que celebran.

El Papa concluyó recordando que una liturgia vivida con fe, devoción y adecuada formación es un camino privilegiado para renovar la apertura al encuentro con Dios, involucrando plenamente a toda la persona: espíritu, alma y cuerpo.